Federalismo y centralismo. La lucha eterna.

La historia de México nos demuestra un constante debate en cuál es la forma de gobierno que le conviene tener: federal o central. En el siglo XIX tuvimos desde un federalismo exacerbado (con la Constitución de 1824) hasta gobiernos centrales con las Siete Leyes Constitucionales de 1836, donde el gobierno, e incluso los mismos gobernantes, cambiaban de bando constantemente, no siempre de manera pacífica.

En 1917 pareció llegar la solución final, estableciéndose un gobierno de tipo federal. No obstante, la solución no fue definitiva. En efecto, si analizamos diversas figuras jurídicas y, en especial, el contenido del artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), advertiremos que cada vez se “federalizan” mayores competencias. La federalización no es más que un eufemismo para disfrazar la centralización del Estado, donde el poder federal absorbe para sí mayores competencias y los Estados renuncian a ejercerlas (todo ello mediante el procedimiento previsto en el artículo 135 de la CPEUM o los convenios de coordinación fiscal donde los Estados renuncian a ejercer su potestad tributaria y la ceden al gobierno federal).

Cada vez que se federaliza un impuesto, competencia o atribución, ésta escapa del ámbito competencial de los Estados federados y recae en el gobierno central (federal). Para advertir esta transformación, basta analizar cómo se ha ido reformando el citado artículo 73 a lo largo del tiempo. La tendencia que seguimos, al parecer, será un gobierno central multifuncional, con competencias residuales en los Estados federados.

Original Cover of the Political Constitution o...

Original Cover of the Political Constitution of the United Mexican States (Photo credit: Wikipedia)

Ser un gobierno federal o central no es, per se, bueno o malo. Con este post lo único que quiero destacar es que los mexicanos, a casi 200 años de independencia, aun no sabemos con certeza qué tipo de gobierno queremos para nosotros.

P. D. Feliz año nuevo 2014.

4 comentarios

  1. De acuerdo con su postura, las facultades de la federación cada vez son mayores, debilitando las funciones de los estados y municipios.

    La creación del Instituto Nacional de Elecciones es muestra de ello, pues aunque disfrazado, la realidad es que resta la autonomía estatal y centraliza el tema político electoral.

    Esta tendencia no es buena, pues minimiza la autonomía estatal y municipal en contraste con la poderosa federación.

    Los tres niveles de gobierno tienen condiciones abismalmente distintas.

    Hay que estar al pendiente de la manera en que evoluciona esta tendencia.

    Saludos y felices fiestas!

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  2. Allan · · Responder

    Excelentes artículos y todos los que ha hecho públicos en su blog, no tengo que desearle nada más, sólo salud a Usted y su Familia. Excelente inicio de año 2014 espero poder seguir leyendo más de Usted Sr. Juez.

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  3. Eduard · · Responder

    Las recientes reformas en materia politica van enfocadas al centralismo, el Instituto Nacional Electoral, la elecciones de los magistrados especializados en materia electoral de los estados por parte del senado, son pruebas del retroceso que hemos sufrido por parte de los legisladores. En España por ejemplo un pais unitario se han dado reformas encaminadas a fortalecer sus comunidades autonomas al tal grado que algunos juristas de reconocido renombre han dicho que se acercado un estado federal. En 1824 por ejemplo funcionadaba una doble jurisdiccion es decir, los tribunales de los estados resolvian los asuntos de manera definitiva y los federales tenia su competencia muy bien definida, asi lo establecia el artículo 160 de la Constitucion de 1824. Es importante retomar un federalismo que haga mas participes a las entidades federativas.

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  4. Carlos · · Responder

    Excelente reflexión, el gobierno federal pretende un mayor control y los gobiernos de los Estados ceden ante la imposibilidad de resolver sus propios problemas. Personalmente creo que el centralismo es un buen método para retomar la gobernabilidad, aunque el problema en sí no radica en el sistema como tal, sino en quiénes quieren ejercer ese gobierno central.

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