Aniversario de la Constitución.

En el blog antiguo, precisamente en 2011, un día como hoy comenté lo relativo al aniversario de la Constitución. Hoy conmemoramos el 97 aniversario de su promulgación y por eso retomo el post de aquél entonces:

Texto de 2011:

El 5 de febrero de 1917 se publicó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), aprobada por el Constituyente que se reunió en la Ciudad de Querétaro, convocado por el Presidente Venustiano Carranza.

 Leyendo una nota publicada en el diario El País, por María de las Heras, podemos advertir algunos datos que arrojó una encuesta:

“… 56% de los mexicanos adultos no tiene la más remota idea de qué se celebra. Y llegamos en un ambiente de debate que ha conseguido removerle esa característica de precepto inmutable del que gozó la Constitución por casi una centuria. Hoy apenas 14% de los ciudadanos piensa que es un marco legal adecuado a las circunstancias, un 47% más cree que si bien en principio se adecua, habría que hacerle varias modificaciones para actualizarla, y sorprende que 29% piense que de plano la Constitución de 1917 ya no sirve para normar el México del siglo XXI, y que por lo tanto necesitamos una nueva.” 

“Dicho sea de paso, y de acuerdo con las cifras de la encuesta de hoy, apenas un 5% de los ciudadanos han leído la Constitución de cabo a rabo, mientras el 38% piensa que las modificaciones que se le han hecho recientemente a la Carta Magna han servido para hacerla mejor”.

El desconocimiento de la historia de México me preocupa, pero no me sorprende (algún día hice un examen a abogados titulados y, en la sección de conocimientos generales, pregunté que quién había sido el primer gobernante del México independiente. Pocos atinaron a contestar que fue Agustín de Iturbide. Alguno contestó que había sido ¡Benito Juárez!).
Realmente es inquietante el desconocimiento del texto constitucional (sólo el 5% había leido la CPEUM). Si no se lee el texto constitucional, se ignora cuáles son los derechos fundamentales con los que cuenta la ciudadanía, así como las reglas y atribuciones de los Poderes de la Unión.
¿Qué desalentará a la ciudadanía a leer la CPEUM? Entre otras cosas, supongo, su redacción. Debido a una mala técnica legislativa-constitucional, la Carta Magna no es un texto “fundamental”, entendido como los postulados mínimos de respeto a derechos fundamentales y reglas del juego básicas de las autoridades. En efecto, la Constitución mexicana es una disposición que pretende regular a detalle todos los aspectos fácticos imaginables. Ya no son principios o reglas mínimas, sino disposiciones que son propias de una ley ordinaria o un reglamento. Basta con leer, por ejemplo, los artículos 27, 41, 73, 107 ó 123, para darnos cuenta que las reglas mínimas no son tan mínimas. Me imagino que cualquier ciudadano que empieza a leer esos artículos deja a un lado la CPEUM al tercer bostezo.
Finalmente, quisiera abordar el tema de la elaboración de una Carta Magna nueva. ¿Realmente es necesario? Personalmente pienso que no. Con independencia de lo que apunté en el párrafo anterior, siempre he pensado que el problema en México no son los textos legales, sino los seres humanos, las personas que interpretan o aplican las normas legales. Las deficiencias constitucionales o legislativas son relativamente intrascendentes si los interpretes o aplicadores (léase autoridades de los poderes ejecutivo,  judicial u organismos autónomos) materializan dichas normas en beneficio de los ciudadanos y del país, siempre respetuosos de los derechos fundamentales, tanto de mayorías como de minorías.

Un texto legal impecable, en manos de un mal intérprete o aplicador, se convierte en un arma de 2 filos.

Para terminar, quisiera compartir con ustedes un fragmento de la columna que publicó Catón (el 5/2/2011), en el periódico Reforma:

“… Este día celebramos el cumpleaños de la señora más violada en México: doña Constitución. Los primeros en violarla fueron precisamente los encargados de velar por ella, quiero decir los legisladores. Tantas reformas y adiciones le han hecho que no la reconocerían ya los mismísimos que la engendraron. En los países donde hay respeto por la ley la Carta Magna es un sobrio documento que enumera una serie de principios sobre los cuales se constituye y organiza la vida política de la nación. En México la Constitución se ha convertido, por mala obra y desgracia de las sucesivas presidencias imperiales, en un enorme y casuístico mamotreto donde se contienen normas de todo orden y desorden, entre ellas algunas que deberían formar parte de leyes secundarias, y aun de reglamentos. Habrá que hacer una nueva Constitución. Y, más importante aún, habrá que formar una nueva generación de mexicanos que no se pasen todos los días por no voy a decir dónde la ley fundamental de su país …”

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Actualización (2014):

Año con año se escriben nuevos textos criticando las constantes reformas a la Carta Magna (las cuales son ignoradas por el Poder Reformador de la Constitución), he aquí algunas de ellas:

Paco Calderón (de su página personal):

97 Aniversario de la CPEUM

97 Aniversario de la CPEUM

Catón (en reforma):

“Hay una pregunta que me inquieta: ¿tiene madre la Constitución? Espero que la tenga, pues entonces podré decir en tono contundente: “Tantas reformas ha sufrido la Constitución que no la reconocería ni la madre que la parió”. Por verdadera esa frase merece ser inscrita, si no en bronce eterno o mármol duradero, sí por lo menos en plastilina verde. Mientras las leyes máximas de otros países permanecen ínsitas, impertérritas, impávidas, incólumes e integérrimas, la nuestra se mira más parchada y recosida que calzón de pobre. Tantas y tan nimias prescripciones se le han introducido que más que Carta Magna parece ya ley secundaria, o reglamento. Además la Constitución contiene no pocas disposiciones anticonstitucionales, quiero decir violatorias del espíritu original del Constituyente. Y eso no es lo más malo. Lo peor es que la norma fundamental es violada en modo tan sistemático y continuo que ha acabado por ser letra, si no muerta, por lo menos bastante desmayada. ¿Qué celebramos entonces este día? Nada. O, en el mejor de los casos, celebramos la sombra de una sombra. Cualquier ceremonia que en esta fecha se haga será, como la mayoría de los actos oficiales, ocasión hueca, formalismo, mero cumplimiento (de cumplo y miento). Por eso he preguntado si tiene madre la Constitución.”

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Artículos que abordan el tema, con el paso del tiempo:

Dislexias constitucionales y  Engordando la Constitución, de Héctor Fix Fierro.

Las demasiadas autonomías, de Pedro Salazar.

La Constitución motorizada, de Miguel Carbonell.

Actualización 2016:

Longeva, parchada y deformada ¿Qué hacer en 2017 con la Constitución de 1917?, de Pedro Salazar.

Actualización 2017:

La Constitución y el abuelo, de un servidor.

Patologías de la Constitución, de Javier Martín Reyes.

Prostitución de la Constitución, de Luis Pazos.

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