Nuestra relación diaria con los tribunales

Muchos de los actos que realizamos a diario están regulados por el derecho, sin que seamos conscientes de tal situación; lo mismo ocurre cuando respiramos, lo hacemos pero no pensamos en ello. Si compramos una golosina en la miscelánea de la esquina, estamos celebrando un contrato de compraventa, regulado por el Código Civil. Si nos casamos, realizamos un contrato solemne ante el Estado, adquiriendo derechos y responsabilidades; inclusive, sin esa formalidad, el sólo hecho de que dos personas vivan juntos encuadra en las figuras de concubinato o amasiato, que también acarrean consecuencias jurídicas. Al tener hijos, las normas establecen una serie de obligaciones y derechos, tanto a aquéllos como a los padres. Si vamos a trabajar nos encontramos bajo un gran número de supuestos que prevé, por ejemplo, la Ley Federal del Trabajo. Ya no se diga cuando acudimos a alguna oficina de gobierno a realizar algún trámite, como la expedición de una licencia de conducir o a pagar impuestos, como el predial o la tenencia vehicular, pues en este caso nos sumergimos en el vasto mundo del derecho administrativo.

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