El sobreseimiento y la zapatilla de cristal.

Todos conocemos el cuento de la Cenicienta. En especial la parte en la que el príncipe va, de casa en casa, buscando a la doncella que perdió la zapatilla de cristal la noche anterior, repitiendo la misma operación: coloca la delicada prenda en los pies de las candidatas, esperando que calce perfectamente, para encontrar a la mujer que lo dejó prendado.

Traigo a colación este cuento, que sirvió de pretexto para que mi padre me diera uno de los primeros consejos en mi vida profesional: a fin de analizar si se actualiza alguna causa de improcedencia o sobreseimiento, ésta debe ‘calzar’ en el juicio como la zapatilla en el pie de la Cenicienta, es decir, sin intentar que entre ‘a fuerza’.

Las causas de improcedencia o sobreseimiento tienen origen en múltiples disposiciones legales, constitucionales o jurisprudenciales, que atienden a diversos principios procesales, tales como la cosa juzgada, litispendencia, definitividad, de parte agraviada, etcétera.

Tomando en consideración que dichas causales impiden que el tribunal de amparo se pronuncie sobre el fondo del asunto, atendiendo a los principios pro persona y pro acción, deben interpretarse restrictivamente, buscando que su actualización sea la excepción y no la generalidad.

Volviendo al símil de la zapatilla de cristal, cuando una causa de improcedencia se tiene que argumentar en exceso, con razonamientos analógicos forzados y que no suenan convincentes a primera vista, corremos el peligro de romper la zapatilla de la Cenicienta, intentando que un pie del número 7 entre en un calzado del 3 y medio.

En casos como el anterior, donde es más difícil sustentar los argumentos de improcedencia que los de fondo, debemos preferir estos últimos. A fin de cuentas, el ciudadano siempre preferirá una sentencia en la que se analice la constitucionalidad del acto reclamado – sin importar que sea estimatoria o desestimatoria – a un sobreseimiento.

Con lo anterior no sugiero que las causas de improcedencia o sobreseimiento sean inconstitucionales o inconvencionales (como llegué a escuchar en un foro académico) y, por ende, jamás se apliquen. Simplemente recomiendo a los proyectistas preferir el estudio de fondo cuando la improcedencia sea dudosa o se justifique de una manera forzada.

2 comentarios

  1. Oscar Eliseo Macedo Jiménez · · Responder

    Muchas gracias por una sustancial, pero sencilla explicación de un tema, habeses muy difícil de entender.

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  2. Raymundo · · Responder

    Me gusta la reflexión, si bien quedaría al proyectista la tarea, tal vez igual de dificil, de justificar su determinación en el sentido de que no se actualiza la causal que haga valer un justiciable o la autoridad. Gracias!!

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